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El día que supe lo que no quería

-Yo no quiero alguien que dure para la eternidad, solo quiero uno que pueda darme momentos, muchos, muchísimos, demasiados, que me hagan sentir eterno en su alma. Y así lo nuestro lo convierta en algo de jamás pensar acabar.

-No quiero un tipo desbocado por la pasión de una noche, solo quiero alguien apasionado por la vida, por lo que hace, por su hobby, por mi cuerpo, por mi sonrisa, por mis pasiones… Por mi.

-Yo no quiero, definitivamente, un tipo que solo tenga ojos para mi. Quiero alguien que los tenga bien abiertos para lo bonito del mundo, para lo malo, para las oportunidades, para lo que quiere alcanzar, para ver sus debilidades ante mi, para encontrarse humano y para que me haga entender que todos los días tengo que quererlo porque lo puedo perder porque sabe, ha visto y ve que afuera hay miles de cosas.

-No quiero alguien sin heridas. Por el contrario quiero que la persona que llegue haya ido a la guerra del amor, a varias. Que haya perdido en muchas batallas, y ganado algunas veces. Quiero alguien herido para que sepa batallarme a mi, a mis caprichos, a mis celos, a la vida y a los suyos. Uno herido, muy herido, pero ya curado.

-No quiero alguien que lo haya tenido todo. Prefiero alguien que sepa lo que cuesta alcanzar lo que uno quiere, lo que cuesta construir su propio mundo ideal, lo que es trabajar por una meta. Alguien que pueda, con su puño y letra, construir un universo estable y mágico alrededor de él, de mi, para los dos.

-Yo no quiero alguien para el que yo sea su mundo entero, prefiero alguien al que yo le complemente la verdadera felicidad de vivir en un mundo por recorrer entero.

- Yo no quiero un soñador empedernido. Solo un loco con un gran sueño, que luche cada día por alcanzarlo. Que se le note la fantasía en la mirada y en sus pasos, alguien con tantas ganas de alcanzar ese gran sueño que me anime a mi a soñar y ayudar a alcanzarlo. Un sueño, su sueño, donde yo quepa.

-Yo no quiero un tipo con mil amigos. Sino uno con sus amigos bien contados, bien elegidos, bien valorados para que sea consciente que yo necesito tiempo de escape con mis amigos para poder sobrevivir a él. Y por eso por querer a los suyos, sepa lo importante que es querer a los míos.

-Yo no quiero una historia perfecta, solo una que todos los días me de ganas de moldearla para que lo sea. Que sea de peleas con reconciliaciones de película, de regalos de otra dimensión.

Yo no sé lo que quiero, pero al menos tengo claro lo que no ¿Y ustedes?


Juan Jiménez Figueroa

Mil matrimonios, uno soltero

Estoy en esa época de la vida en donde todo mi mundo se está casando. A veces confió en la idea romántica de que lo que sucede es que el amor está triunfando y suspiro confiando que algún día me tocará a mi. Sin embargo, otras veces creo que es el tiempo que esta presionando y los afanes se hacen protagonistas y otras tantas me doy el derecho a pensar que el ciclo natural de vivir consiste en eso: vives para encontrar quien de razones para vivir y deciden darse razones para el resto de la vida.

Ni sabré por qué pero la gente se está casando. Por lo menos la mía, mi gente, si. Y he ido a toda clase de matrimonios: gigantes, medianos y chiquiticos. Unos de amores de toda la vida, otros porqué llegó un bebé, otros de amores que yo presenté, de Caleño con caleña, de paisa y costeña, de cachacos, y el más infalible Caleño y paisa. Con Wilfrido Vargas, con vestido de príncipe, de día, de noche, hasta al amanecer y a los que no logré ir por falta de presupuesto.

Y amo ir a casamientos. Me parece ideal ver manifestaciones de amor y los originales detalles que tiene cada uno. Uno se reencuentra con los que hace mucho no ve, se pone bonito y termina con la ilusión que algún día el que los invitará a ellos, es uno.

Pero mierda, los matrimonios están diseñados para ir en pareja y yo, no he asistido al primero acompañado. Y aunque en la mayoría me he quedado hasta el amanecer y me los gozo de pi a pa, que vaina tan jodida. De repente empieza la música y todo el mundo se levanta agarradito de mano para dirigirse a la pista de baile y pues, bailar. En ese momento me miro con las otras y otro tres (porque no son más) solteros y a lo único que atinamos a decir es “sírvelo porque qué más hacemos” y ahí quedamos, sentados con una botella pasando el trago amargo de la soledad.

Cuando ponen un reggaeton sea lo que sea me paro a bailar y no parecer él que está ahí comiendo pavo, pero realmente lo estoy haciendo solo que bailando. Las primeras dos horas (o tres, casi cuatro) de matrimonio, para cualquier soltero, son una soberana pesadilla. Las mesas se quedan vacías y solo nos quedamos nosotros ahí, quejándonos de estar solos, preguntándonos que porqué otra vez y perdiendo las esperanzas en el amor en el evento que más fe le da a uno en el amor.

Y sufro. Los amigos nos miran sin saber si dejarnos solos o pararse a bailar y solo cuando hay demasiada confianza les ordeno que no bailen pegado sino que bailemos los tres. Pero cuando no, les digo que frescos, que bailen, que no hay lio aunque sí hay. Los amigos nos tratan de prestar a sus parejas y eso sí que no es necesario. Los que se quedan con uno solo se quejan y así el sufrimiento es mayor. Paseamos por todas partes y bailamos con todo el mundo y con nadie. Y nunca, jamás, uno conoce alguien interesante en un matrimonio, así que vayan bajando del bus ese mito falso e ingrato.

Sugiero que deberían pensar más en las amigos solteros y llevarles por lo menos 4 amigos a cada uno para tener donde escoger, o solo poner música sabrosona de la que se baila pegado a eso de las 3:30am cuando ya están prendidos o no invitar las parejas de los amigos (bueno, sí, esto esta demasiado egoísta), o hablen con el wedding planner a ver qué se le ocurre pero ¡algo por favor!

Es duro porque siempre llego con entusiasmo e ilusión, luego odio a todo el que me salude y a mi mismo por haber ido pero luego, bailo como una veleta y me quedo hasta el amanecer y me rio hasta más no poder. Lo que sí está claro es que algún día voy a encontrar un parejo que me acompañe a todos los matrimonios y entonces la mesa de solteros quedará huérfana, triste y aburrida (o qué dices Sarucha?), pero mientras tanto hay que renovar el formato de matrimonios ajustándolo a solteros y espero que este Domingo en el matrimonio de Carlos esto aplique ¿Nos colaboran por favor? Gracias

Juan Jiménez Figueroa

Un amor cualquiera

Si uno se pone a pensar el amor es cualquier cosa. Le puede pasar al que sea y le puede también, no pasar, al que sea. Cualquiera lo puede vivir y sentir y puede que cualquiera no. Cualquiera puede ser ese amor y cualquiera puede no serlo, cualquiera puede que lo tenga, puede que otro llegue te supere y te lo lleve, normal aprende a perder te superaron. En cualquier lugar puede nacer, en donde uno menos lo imagine y en un espacio cualquiera puede morir. Cualquiera lo puede encontrar en una tarde y cualquiera puede durar toda una vida sin encontrarlo. Se puede sentir en mes, de cualquier año, en un sin número de veces y hay, algunos agradecidos que duran lo que dura una noche… cualquiera.

Este es el caso de ellos, de una pareja… cualquiera. Se habían dejado en una mañana simple e insípida como todos los que se dejan, pero sin dejarse nunca. Se recordaban tal cual como se evitaban; diariamente.

Cada día se levantaban luchando contra unas ganas insensatas y persistentes de saber del otro. El día transcurría igual; intentado no pasar por una calle…insípida para evitar cualquier encuentro de recuerdos, buscando con desespero en el corazón, cualquier noticia del otro mientras evitan que alguien les mencione el nombre que con sólo nombrarlo descontrola cualquier emoción. Haciéndose ante cualquiera, incluso ante ellos mismos, los que no se buscan, mientras que con sus mentes, que no son como… cualquiera, no sólo se buscan y se esperan, sino que son tan fuertes (las mentes)… que se atraen.

Esa es la historia de ellos. Que pudo ser la de cualquiera; que se dejaron hace más tiempo de lo esperado pero menos, del necesario. Quisieran o no, sin planearlo nunca, se encontraban todas las noches hablando entre suspiros. Se miraban como un par de enamorados y el mundo se paralizaba. Nadie más importaba y sencillamente por inercia terminaban juntos entre nubes.

Cada uno hablaba y hablaba mientras se besaban. Se reían, se acariciaban y se enamoraban como cualquiera se enamora por primera vez. Como si el tiempo jamás hubiera pasado. Cada vez era mejor, en cada encuentro se sentían mas compenetrados, mas correspondidos y mas destinados. Instante de amor y pasión en donde sentían cualquier cantidad de cosas y que eran el uno para el otro.

Y ahí estaban otra vez, como todos los tiempos, guardando una relación que ninguno de ellos sabía ni aceptaba, como una vil cangrejeada cualquiera. Cangrejar para ellos no era más que en un instante… cualquiera, trasnochado y demasiado corto de pasión, amor, sinceridad y amor. Suspiraban en medio de te amos, caricias, locura, sexo de ese putoX puro… del bueno, y emociones de las más románticas.

Todo hasta que cualquier hora era la hora de separarse. Se despedían sabiendo que habían sido felices y que su amor no era como cualquiera, pero que pertenecía ahí. Se despedían sabiendo que tal vez se encontrarían nuevamente en un mes en algún…o cualquier lugar. Se despedían sabiendo que una vez más, los dos, se quedaban con las manos vacías luego de haber tocado el amor y volverían a ser… cualquier par de solitarios. Se despedían, una vez más, para empezar la lucha diaria del olvido y de dejarse. Y aunque se olvidaban sin olvidarse y se dejaban sin dejarse, sabían que sólo era como cualquier amor imposible e ingrato que cuando intentaba morir, volvía para demostrarle a cualquiera, que era mortal.

Y empezaba todo el proceso… como cualquiera de las tantas veces anteriores: olvidarse y todo lo que esto requiere. Fuerza de voluntad para no llamar, escribir o buscar. Evitar cualquier contacto, cualquier noticia, cualquier, cualquier… en fin, todas esas cosas que la gente sabe que debe hacer para curarse de cualquier amor y olvidar. Y parcialmente lo lograban, o por lo menos aprendían a vivir sin el otro o no y seguían como… cualquier par de solitarios.

Hasta que en un futuro… cualquiera, un día… cualquiera, ahí estaban una vez más ellos, que podían ser… cualquiera, dispuestos a una cangrejeada… cualquiera pero, que sólo eran víctimas de un amor… cualquiera, que no era como cualquiera, pero que si era de esos amores imposibles, que fácilmente, mata… a cualquiera…


Juan Jiménez Figueroa

Le gustas, pero no le interesas tanto

Las personas están llenas de excusas y ambigüedades, puede que hayan salido y que le gustes, pero eso no quiere decir que le intereses. El hecho que te halle atractivo(a) solo significa que se ve contigo en una cama o quizás ni en eso, sólo sea para no estar sólo, no quiere decir que te va a llevar al altar. Así que deja de pensar en vestidos blancos, Vera Wang. Entonces, cuando se trata de seriedad, ¿cómo medir si en verdad le importas lo suficiente?

Para empezar, nunca será franco contigo. No por cortesía ni miedo a lastimarte, sino por cobardía. Sí, una persona preferiría que una estampida de elefantes pasara por encima antes de tener que darte la cara y decir: “La verdad es que no me interesas mucho que digamos”. Teme que tú te pongas como muñeco Funeral cuando te diga la verdad. Por ende, te mantendrá a punta de evasivas.

Al principio, tú sales con esa persona… todo marcha bien, luego hace algo que te decepciona y sigue empeorando. Aquí es cuando tú empiezas a justificar, porque lo último que quieres es admitir que esta persona que te encanta, no está loco por ti.

Primordialmente, nunca aceptes el pretexto de “He estado muy ocupado”. Simplemente, quien quiere las cosas, saca tiempo; quien no, saca excusas. Tampoco digas “Es que yo lo intimido”, porque tú no tienes la culpa de que seas medianamente más interesante y la otra persona un perdedor, o tú atractivo y él solo aceptable. O si “Tiene miedo a enamorarse”, ¡que se joda!; si le da pavor nadar, qué carajos hace en una piscina.

"Es que ahora está sin trabajo y pasa por un momento difícil". Entonces tú esperas a ver si todo mejora cuando se estabilice. Mientras tanto, le gastas invitaciones, llamas tú porque dice no tener dinero para hacerlo, y pisoteas tu dignidad. En verdad, su sequía no es el problema, puesto una gotita de agua como tú le caería estupendamente. Mas tú no le calmas la sed, te aparta usando su mala situación como una disculpa.

"Quiere ir despacio, sin presiones". ¡Despierta y huele el peróxido!, cuando a alguien le mueves el piso, cualquier propuesta la toma como iniciativa; cuando no, le llama presión y así te hace retroceder. Es decir, cuando alguien te mueve el piso, te embriaga; cuando no, te ahoga. No eres intenso, es solo que no le gustas lo suficiente.

"Quizá está esperando a que yo le busque". ¡No! Si realmente quiere cazarte, créeme que te buscará hasta después de un tsunami. Ya tú le demostraste tu interés, es su turno ahora. Al buscarlo repetitivamente, no le das oportunidad de que lo haga y te muestras como alguien desesperado. Si quiere algo contigo, debe manifestarlo; si no es capaz, no vale la pena.

En general, cuando salgas con alguien en serio, básate en lo que demuestre y no en lo que tú supones. Procesa los hechos y mide su nivel de interés con tu propia vara, no con la de esa persona. Eso de “lo demuestro a mi manera” es otra patraña, puro papel higiénico mojado que se deshace en tus manos antes de servir para algo. Las señales son sencillas: si actúa como que le importas un rábano, significa que le importas un rábano. ¡Sin excusas!

No pierdas tiempo y energía en alguien que no tiene la intención ni la voluntad de tomarte en serio. Si dice una cosa, pero demuestra otra… ¡échalo por el inodoro! Porque tú debes salir con alguien que sea tan verdadero como sus palabras. A la final, tú eres quien lo vale. Y la razón por la que te llamo así es porque eres increíble por sí solo y esa persona es simplemente un accesorio: chévere si lo tienes, pero definitivamente puedes vivir sin él.

Juan Jiménez Figueroa

Nostalgia de crecer

Como tuve unas horas libres hoy desde que llegue a mi apto y por no quererme sentir sólo no entré en cuento y me fui para mi casa, a las de mis tías, tíos, primos y primas (que son igual o más que mi casa). En donde nací y crecí. Allá donde me hice hombrecito y besé por primera vez. Donde conocí mis amigos que todavía son amigos, donde tuve mis primeros amores y desamores, donde aprendí el valor del sabor y me unté comiendo mango hasta más no poder.

Básicamente fui a que me pechicharan. Porque para eso es que uno va casa, a recoger sus pasos, encontrarse y mirar adentro. A que mi tía Caro le haga a uno la comida que le gusta, a que la tías y primas –aunque uno este en el peor momento- le digan que esta espectacular, que qué color de piel, que porté, que pestañas o algún piropo. A que el tío llegue con un mercado como para un mes por una visita de 1 hora y uno no alcancé a comer ni la cuarta parte. A que ese tío le haga chistes y sin decirlo diga que esta contento de verlo. Esencialmente uno va a que lo quieran.

Y en casa a uno lo quieren y no escatiman en eso. Y por eso cualquier cosa que uno haga parece poca a lado del torrente de amor que le están dando. Por eso desde un tiempo entendí que ir a casa es ir a casa. No es ir a ninguna otra parte a menos que sea con los de la casa. No rumba, no salidas a comer, no nada si no es con mis principales dadores de amor. Es como si el tiempo y la edad lo hubieran hecho entender que uno va a casa por y para ellos, a más na´.

Entonces, veo a mi primito el hijo de mi prima la mayor de 40 años y aun sabiéndolo, me doy cuenta que ya tiene seis años. O sea, seis. Y otra vez el bendito tiempo me da avisos de su movimiento constante y su afán despiadado. Y me cuentan del talent show en el que bailó, o la fiesta de cumpleaños que hizo, o el regalo que le dio a la abuela (o sea mi tía) del día de las madres. Mi tío Jorge me lleva a su club un ratico de 5 minutos para que conozcan, mi tía pilar me cuenta las historias de su trabajo (ese que compartimos un día) y entonces me doy cuenta que me pierdo todo.

Que desde que me fui de casa, hace (desde que crecí y cambie la rumba, el amor, mi vida “autónoma” por esto), he sido el hijo, hermano, tío, sobrino y nieto ausente. Y me da una tristeza profunda y desgarradora. Y la despedida siempre es igual. Todos sabemos que volveré en uno, dos, máximo tres meses, pero me iré. Y como siempre me perderé el día del padre, el cumpleaños de alguien, alguna Navidad y Año Nuevo, el show del primito, la ida a la finca y en general la mayoría de los momentos especiales.

Por eso cuando voy trato de crear los momentos especiales ya que los que no son espontáneos, claramente no estaré, lastimosamente me convertí en un ermitaño. Pero aun así, es como si me quedara corto. Ellos siempre están allá y yo cada vez más acá.

Y si bien esa fue la vida que escogí, lo que yo y solo yo quise y luché y defiendo día a día pues nunca tuve duda en que debía volar. -y sigo volando a mi ritmo, algunas veces alto y otras levantándome del porrazo que me di- Cada que voy me doy cuenta que escogí volar al costo de estar solo y lejos. Y entonces no sé si sacrificar el tiempo en casa vale la vida que quiero tener controlada y aun no tengo.

Y entonces voy a que me llenen el corazón de amor, pero vuelve siempre melancólico e impotente. Y aunque esa es la ley de la vida, solo cuando voy y vuelvo me doy cuenta de lo jodida que es la vida. Pero lo simple que es con un poquito de amor sincero y bonitos momentos compartidos…

Juan Jiménez Figueroa

Si no me quieres, ahí esta la puerta

Dime una cosa, ¿quieres ser amado o entretenido? Te lo pregunto porque muchos se estancan en relaciones desabridas, meramente por la compañía. Al parecer, hace menos molesta y más llevadera la vida. El problema es que para que tu pareja te haga feliz, tienes que estar en constantes reclamos, exigiendo lo que te mereces. ¿Qué pasaría si te dijera que lo estás haciendo mal?

De hecho, 57% de las personas reclama las cosas de forma calmada o cariñosamente; el resto lo dice al grano y sin adornos. En ambos casos, las relaciones se van a pique tarde o temprano. ¿Por qué?

La razón es sencilla: el amor es algo natural y debe nacerle a una persona. Obviamente, tú crees que es como un iPhone y que le puedes instalar las aplicaciones que quieras. Por eso le exiges a tu pareja: “Quiero que me llames, estés pendiente de mí, me dediques tiempo y elimines a la trepabundo ese que te agregó al Facebook”, etc.

¿Te das cuenta de que tus demandas hacen parte del problema? Si no me crees, déjame ponértelo en cifras: 5 de cada 10 personas reconocieron que las actitudes más dañinas para su relación fueron: uno, las críticas a su vida social; y dos, la invasión a su espacio personal.

En adición, de acuerdo con recientes encuestas, los personas “modernas” le pelean a la pareja por las siguientes cosas:

No les demuestra sentimientos
Solo piensa en sí mismo
No los llama o presta atención
Ni los incluye en sus planes ni se los cuenta
No los cela
¿Eres consciente de que exigen cosas que al otro no le nacen? Por algo será.

En contraste, yo, en vez de ponerme a hacerle reclamos, lo dejo solo en el cuarto, me voy a la cocina, abro la llave de la estufa… y me marcho.

Si él no corre a pedirme perdón, morirá de una inadvertida fuga de gas.

A lo que voy es: los reclamos solo causan más problemas. Una pareja no tiene que pelear para que lo llamen, le escriban ni mucho menos para que lo respeten o se disculpen. Si eso no le nace al otro, no hay nada que pelear… uno se va decepcionando y eventualmente decide envenenarlo o engañarlo con algo mucho mejor y que si “llene”.
Por no adoptar esta filosofía, es que las relaciones tienen tantas disputas. El uno quiere algo que el otro no le da, entonces se lo exige. Pueda que lo obtenga, pero será de mala gana. Todos sabemos que las cosas forzadas saben mal.

Lo siento, te equivocaste. Esta no es la persona que buscabas. Él no te sabe dar lo que necesitas. Tú requieres a un novio que te complemente de forma natural. Sí, yo sé. Él no era así de seco antes, él era más atento. Pero ¡ya NO!

70% de las personas se han involucrado sentimentalmente con una persona arrogante y poco tierna. Obviamente, ellos no lo conocieron así. Al igual que un chicle viejo, perdió el dulce. ¡Bótalo! ¿O es que eres gamín y te gusta comer sobras?

Este es el proceso natural de las cosas: el fuego se convierte en cenizas, las flores se marchitan, el amor se opaca -a veces más rápido de lo que esperabas-. Mas tienes que aceptarlo, un amor deshidratado no es amor y el miedo a irse no es razón para quedarse. Da más lástima vivir por lo que fue QUE POR LO QUE ES.

Sin embargo, sé que tienes atados los pies; él no te deja irte. Dice que lo siente, te aprecia y no te quiere perder y hasta inventa planes ridículos a futuro. Tú crees que es amor, pero estás metido en algo que no tiene definición. Ya que si el amor es agua, ¿por qué te estás muriendo de sed? Precisamente, porque ya no lo es, sino que él te tiene contra el piso como un tapete bajo sus pies.

Es verdad, cuando tu vida está colmada de personas que te dan menos de lo que tú das, estás siendo un tapete: ahí tirado, dejando que te pasen por encima, siempre dando la calurosa bienvenida y el “intentemoslo una vez más”

Por tanto, si actúas como tapete, te pisarán.

Definitivamente, tu forma de actuar sugiere que no te valoras a ti mismo. ¿Sabes por qué te enamoras de alguien que no es bueno?, porque tienes la esperanza de que cambie. Por eso ignoras todo lo malo y le das demasiada importancia cuando sale con algún cariñito pendejo.

En síntesis, hay una gran diferencia entre ser optimista viendo el vaso medio lleno, y estar resignado a una persona que solo llena tu vida a medias. Es hora de dejar de ser conformista con tu pareja mediocre y hacer espacio para aquellas personas que sí son capaces de llenarte en realidad.

Si no sabe amarte, que dé media vuelta y ¡Muchas bendiciones! Tu camino merece deslumbrar

Juan Jiménez Figueroa

Poco amor, muchas expectativas = Inmadurez

En el amor, o te mueres de hambre o de indigestión. Atraviesas un desierto buscando a una persona que sirva y, cuando supuestamente lo encuentras, resulta que no te da la talla. Ya estás cansado y aburrido de todo, pero no puedes evitar preguntarte: ¿por qué es tan corto este amor y tan largas las expectativas?

Para empezar, desde que el sexo se ha vuelto tan fácil, el amor se ha puesto difícil. ¿O es al revés?, es todo un misterio y ya ni importa. Solo sé que los problemas de una relación hoy en día radican básicamente en tres etapas: la prisa, el miedo y las exigencias.

La prisa
Esta se refiere a esas cosas prematuras que haces en el amor. Por ejemplo, eso de llamarle “novio” a un aparecido que ni siquiera se ha ganado los méritos, te va hacer quedar en ridículo. Cuando empiezas a salir con alguien, esto es un periodo de prueba que evalúa si es material para una relación seria y verifica si merece el título.

En otras palabras y siendo muy visceral, el amor se resume así: se lo meten con ilusión y desespero, pero apenas lo sacan todo empieza a oler podrido. Mientras lo tienen adentro y están gozándolo, quieren casarse, lavarle, plancharle y criarle tres hijos. Al rato, se dan cuenta de que en realidad el otro no cumple sus expectativas. Apenas se corre, el príncipe azul se va destiñendo, ¿no?

El miedo
Justo después del sexo, cuando supuestamente el cerebro está despejado, empiezan a saltar preguntas: “¿Con cuántos habrá hecho lo mismo?”.”, “si me mintió sobre su “versatilidad””, “¿con qué más me habrá engañado?”, entre otras.

Si la seducción está basada en fingir y aparentar, ¿qué relación se puede construir sobre la falsedad?

Encima de eso, entre más rico lo hayan pasado, más temor tendrán de involucrarse sentimentalmente. Por lo tanto, no juzgo a esos que solo buscan sexo; los entiendo. El amor es más complicado y ellos quieren algo fácil e inmediato. Razón por la cual, le huyen a todo ese drama.

No obstante, el miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento.

Las exigencias
Cada vez que tienes una mala experiencia, inconscientemente le agregas una nueva exigencia a tu filtro amoroso. Subes tus barreras para que no las traspasen con facilidad y te hagan daño. Entonces, te pasas la vida entera buscando a ese persona que cumpla con todas tus expectativas, pero no lo encuentras. ¿Por qué? Probablemente porque debas reducirlas un poco.

Irónico, pero me gustaría presentarte a un REY. No te emociones, nadie te va a coronar, princesa. Es un acrónimo: Realidad, Expectativas, Yate. Un modelo de entrenamiento de vida y una herramienta de crecimiento personal que creé para impulsarte a reconocer tu máximo potencial en el amor.

Basándonos en este modelo, tú y yo vamos a descubrir por qué nadie te llena por completo, qué es lo que buscas y lo que esperas del amor, y sobre todo por qué no lo obtienes.

Para poder ayudarte a encontrar a tu Ser Perfecto, necesito indagar: ¿qué necesitas verdaderamente?, ¿qué elementos de tu vida persiguen un fin útil? Saber si tu forma de actuar y pensar se ajusta a las circunstancias.

En otras palabras, tú debes aprender a reconocer lo que es efectivo o tiene valor práctico (Realidad), enlistar las posibilidades razonables de que algo suceda (Expectativas), y bajarte del Royal Caribbean (Yate) en el que te la pasas navegando ilusamente.

Empecemos, piensa en cinco cosas que quieras en una persona para formar una relación. ¿Cuál es la más importante de estas?, ¿cuál es la menos trascendental?

Quiero que elimines la menos significativa, jerarquices las cuatro restantes, y que reflexiones: ¿cómo se perjudicaría tu relación si descartaras la última?, ¿de qué forma podrías ser feliz sin ella?

Ahora, piensa y dime: ¿cuál es tu peor temor en una relación amorosa?, ¿cuáles cosas consideras que te alejan del amor?, y ¿qué puedes hacer para vencer esos contratiempos?

Al llegar aquí, te das cuenta de que ni la vida es perfecta ni tampoco lo son las personas. Muchas veces dejas pasar lo mejor que la realidad te puede dar, por buscar lo que tal vez nunca encontrarás. Por favor, bájate de ese “yate”, haz que tus expectativas sean la solución, no el problema.

Finalmente, aunque el sexo pague muy bien, las cosas que nos cuestan son las que más queremos. El amor cuesta y no es fácil de encontrar, pero ¿has estado buscándolo en la persona adecuada? Recuerda: los inmaduros forman recocha (eso que tienen miedo a algo serio, a los que todo es fiesta, a los que no se sienten preparados porque su vida lo tiene muy ocupados con el trabajo A ESOS ME REFIERO); los verdaderos hombres forman una familia. ¿De cuál de los dos te has estado enamorando?

Juan Jiménez Figueroa

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